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Revolucionario, rebelde y humilde: Una mirada al papa Francisco

Escrito por Antuanett Najarro


No puede haber paz sin libertad de religión, libertad de pensamiento, libertad de expresión y respeto por las opiniones de los demás«.

Esa frase corta, pero contundente, formó parte de su último discurso el pasado domingo de Pascuas, a pesar de su deteriorada salud. Su voz no tenía la fuerza ni firmeza a la que estábamos acostumbrados, apenas logró pronunciar unas cuantas palabras, siendo el maestro de ceremonia quien leyó gran parte de su discurso. Y aun así, en sus últimas horas, logró dejarnos una enseñanza que resuena más que nunca.

Fuente: Vatican News

Un adiós que duele

En la mañana del lunes, la noticia del fallecimiento del papa Francisco caló profundamente en mi persona: una opresión en el pecho al escuchar un hecho inevitable para todo ser humano.

Hace unos años, me alejé de la iglesia y la fe católica en mi afán de descubrir el mundo a través de mis propios ojos. Todos aquellos casos de abusos y prédicas que perpetuaban el odio, y que tenían como principales autores a quienes formaban parte de ella, solo parecían confirmar mi decisión.

Una figura inesperada

Sin embargo, un día, mientras solo ‘scrolleaba’ a través de mis redes sociales, logré leer y ver algunas de las declaraciones del Obispo de Roma, quien tenía un enfoque progresista —para la iglesia católica— y centraba su mensaje en una palabra: amor.

“Tenemos convicciones que a veces parecen incompatibles o son incompatibles. Pero esa es precisamente la razón por la que elegimos amarnos unos a otros. El amor es más fuerte que todos los desacuerdos”.

Jorge Bergoglio, nombre real del papa Francisco, siempre priorizó el respeto y amor al prójimo. Tal vez esa sea la razón principal y central por la que su deceso ha logrado conmover a creyentes, ateos y agnósticos. Tantas personas que no simpatizan con la religión o la iglesia han llorado su muerte al perder a quien —con sus palabras— parecía entenderlos y no los juzgaba por quienes eran. ¿No es acaso sorprendente haberlo logrado?

Una iglesia que escucha (al fin)

Si bien Francisco nunca llegó a contradecir directamente la doctrina tradicional, fue claro en que la orientación sexual no es un crimen, sino una expresión propia de la condición humana. Siempre pidió distinguir entre personas y actos, recordando que todos merecen respeto y dignidad.

Las parroquias, hasta el día de hoy, se encuentran colmadas de rechazo a la comunidad LGBTIQ+, tratándolos como demonios o pecadores. Tantos seguidores fueron expulsados de sus templos, de sus comunidades y hasta de sus familias, diciéndoles que no eran hijos de Dios. Por eso, su mensaje en el 2013, en el vuelo de Brasil a Roma, logró darles esperanza y refugio espiritual desde el inicio de su papado: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”

Postura que reafirmó en el documental de Disney+ en 2023 bajo el nombre de “Amén: Francisco responde”, cuando una persona no binaria-cristiana le preguntó, con la voz quebrada al resistir el llanto, si había un espacio para la comunidad LGBT+ dentro de la iglesia y su opinión sobre quienes usan la Biblia para rechazarlos.

La respuesta de Francisco muestra —en mi percepción— el núcleo de las enseñanzas de Jesús:

“Dios no rechaza a nadie, Dios es padre. […] La iglesia no puede cerrarle la puerta a nadie”.

Asimismo, mencionó que aquellos que rechazan argumentando con el evangelio son infiltrados que tienen un dilema interno incoherente, que condenan a ajenos porque no reconocen sus propias faltas.

Tolerancia cero al abuso

Su sólido rechazo a los numerosos abusos sexuales perpetrados por miembros de la iglesia católica marcó una perspectiva diferente en el puesto que ocupaba. Mientras que, años anteriores, era más que obvio que esos delitos se encubrían sin condenar ni separar a los responsables.

La política de Bergoglio de limpieza y tolerancia cero, además de no negar la complicidad de la iglesia, aceptaba que hay ‘curas presos por todos lados’ y hablaba del perdón que las víctimas deben recibir ante la indiferencia.

Una muestra de esa labor en nuestro país fue el cierre del Sodalicio de Vida Cristiana en enero, luego de años de investigación a la comunidad religiosa por abusos sexuales y psicológicos. Su disolución —una decisión poco habitual— fue celebrada. En un sentido de humor, los usuarios en redes consideran que fue su último acto de amor.

Fuente: BBC

¿Y ahora qué?

No tengo forma de negarlo: realmente me preocupa quién será el nuevo papa. Más allá de ser o no creyente, es un tema de política, debido a que quien ocupe el puesto será una fuerte influencia alrededor del mundo.

Ante el resurgimiento de la intolerancia y el odio de quienes salimos de la norma de lo “correcto” —nunca se fue, pero volvió con más fuerza—, espero que quien sea el sucesor mantenga el mensaje del papa Francisco, logrando conectar con todos, volviéndose un nexo real entre la religión y la humanidad.

Queremos vivir tranquilos

Los jóvenes tenemos pavor de lo que nos depara el futuro. En conversaciones con amigos y conocidos, las dudas afloran, dándonos noches de desvelo con una inquietud en el pecho: ¿Podré acabar la carrera? ¿Lograré trabajar y estudiar a la vez? ¿Encontraré trabajo? ¿Seré feliz? ¿Me amarán? ¿Viviré una vida larga y buena? ¿Mi corazón podrá sentir paz?

A estas preguntas quiero darles como respuesta, a creyentes y no creyentes, uno de los discursos del papa:

“Queridos jóvenes, quisiera mirar a los ojos de cada uno de ustedes y decirles: no tengan miedo. Es más, les digo algo muy hermoso, ya no soy yo, es Jesús mismo quien los está mirando en este momento. Él los conoce, conoce el corazón de cada uno de ustedes, conoce la vida de cada uno de ustedes, conoce las alegrías, conoce las tristezas, los éxitos y los fracasos. Y él hoy les dice, aquí en Lisboa, en esta Jornada Mundial de la Juventud: ¡No tengan miedo!”

El legado del amor

Sin duda, extrañaremos su particular humor, sus sabias palabras y sus actos de amor. Queda en nosotros replicar su mensaje, pues no muere quien deja este plano, sino quien es olvidado.

Antuanett Najarro

Editora Periodística

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