Columnas en acción

El costo de ser culto

  Tener un libro en las manos es poseer un poco de magia, tan solo al sentir sus páginas. Sin embargo, así como tenerlo es una maravilla, también se ha convertido en un privilegio, por el valor que tiene cada ejemplar. Y no es para menos: cada palabra, frase o párrafo no fue creado de la noche a la mañana. Detrás de cada historia hubo alguien que escribió con dedicación, solo para que al final tú te enamoraras una vez más del protagonista, o incluso, de toda la trama. Esa pasión por leer ha llevado a muchos, tanto jóvenes como adultos, a buscar soluciones más sencillas, pero sobre todo, más baratas. Y es que la venta ilegal de libros se ha vuelto cada vez más común entre quienes desean saber qué más pasó en ese capítulo pendiente, pero no tienen ni un sol en el bolsillo. Así que, ¿mis conocimientos tienen un precio? Comprar libros piratas puede parecer, a simple vista, algo “sin importancia” e incluso divertido. ¿A quién no le gusta obtener algo a un precio mucho más barato? Evidentemente, esta práctica se vuelve llamativa y, con el tiempo, está normalizada por toda nuestra sociedad.
Fuente: El Confidencial
Pero, sin ánimo de herir los delicados sentimientos del lector, déjenme decirles que no tiene nada de inofensiva. Cada vez que adquirimos una copia ilegal de nuestro libro favorito, estamos ignorando los días, semanas, incluso años que el autor dedicó a construir esa historia. Solo para que, un día, alguien venga y la revende por una fracción de su valor real. Así, el autor olvida cómo pudo haber comido bien durante semanas… y nosotros olvidamos el valor de proteger nuestra cultura. Ahora, tampoco voy a ignorar una realidad que está frente a mis ojos. Los libros aquí en Perú, son relativamente caros y pareciera que el mundo nos diera a entender un mensaje con el que no estoy de acuerdo y el cual es: no cualquiera puede leer. Sin duda, completamente falso. Sin embargo, esto no justifica que terminemos cayendo en manos de la piratería. Actualmente, existen bibliotecas, ferias de libros de segunda mano e incluso iniciativas digitales que ofrecen lecturas gratuitas. Tenemos lo que llamamos oportunidades para poder culturizarnos, sin quitarle el trabajo a nuestros autores favoritos. No obstante, lo que falta muchas veces no es el acceso a ellas, sino información y voluntad de buscar alternativas legales. La necesidad de querer aprender más o tener ya con nosotros ese libro que tanto anhelamos, no debe apelar a que practiquemos hábitos ilegales, como comprar un libro pirata. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de exigir libros accesibles y defender el trabajo de quienes escriben, más si nacen de nuestro país. Leer transforma vidas, pero solo si lo hacemos con respeto, conciencia y compromiso con esta cultura que nos dice: «lee aunque cueste”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *