Sobrevivir no es vivir
En estos últimos días he presenciado tantas conversaciones y situaciones que me han hecho replantear si realmente estamos evolucionando como sociedad o, por el contrario, somos nosotros mismos quienes nos encadenamos a retroceder. Como si, en el fondo, nos gustara hacerlo. La gordofobia ha sido la conversación más larga que he tenido con mis amigos, el tema que me ha hecho llorar durante cinco horas, e incluso, el motivo de discusiones con mis padres.
Y aunque sabemos que vivimos en un mundo donde una cara bonita y un cuerpo estilizado —esto último, aunque técnicamente subjetivo, ustedes me entienden— siempre serán aceptados e incluso aplaudidos, me cuesta creer que estemos en el año 2025 y la palabra “gorda” o “gordo” siga siendo usada como burla o forma de denigración.
No pensaría así si no observara a mi alrededor lo poco que hemos aprendido sobre lo que significa el respeto, y lo desinformados que estamos. Así que empecemos por aclarar este término, tan común como mal utilizado. Para eso, basta con investigar un poco.
Según la RAE, la palabra gordo/gorda significa: “de gran volumen o grosor en proporción a su tipo o a lo que se considera normal”. Hasta ahí, todo bien: solo es un adjetivo, como cualquier otro. ¿O no?
Lo cierto es que, aunque la RAE le haya asignado un significado neutro, en nuestra sociedad “ser gorda” es sinónimo de lo que nadie quiere ser. Esta palabra, sumada a los estúpidos estándares de belleza (sí, lo digo con rabia), ha convertido para muchas personas gordas el simple hecho de salir a la calle en una película de terror. Miradas, acoso, burlas, juicios… y lo peor es que muchos piensan que lo merecen, solo por ser como son. Eso sí que es absurdo. Odiar a alguien por su cuerpo es tan ridículo como decirle a una compañera de clase que la detesto por usar lentes. Así de tonto suena odiar a alguien por existir.

Y aunque todo esto me llene de enojo —porque vaya que lo hace—, me pregunto: ¿realmente es nuestra culpa? La respuesta es sí… y no.
Los estándares de belleza han cambiado con el tiempo, transmitiéndose de generación en generación. Desde las normas coloniales, donde ser blanca y delgada era símbolo de poder, hasta la actual industria del fitness (a esa sí le tengo una bronca especial), donde se nos vendió la idea de que belleza era comer medio gramo de arroz con un kilo de ensalada. Todo esto se inyectó como una aguja en nuestras mentes, hasta moldearnos por dentro.
En parte, somos víctimas de generaciones extremistas y equivocadas. Pero también somos responsables, porque en vez de cuestionar si todo esto tenía sentido, decidimos convertirnos en seguidores ciegos de esos estándares, como si fueran verdades absolutas. No nos preguntamos nada. Simplemente, asumimos que así debía ser y que así viviríamos por los siglos de los siglos. No intentamos cambiar; solo seguimos la corriente. Y a veces, seguir la corriente te convierte en el pez que nada directo hacia las redes.
Y aunque aquí no somos peces ni nos van a capturar, sí podemos hacer un cambio. Y ese cambio empieza con cuestionarnos. Cuestionar si la gordofobia se ha incrustado en nuestros corazones, si la ejercemos sin darnos cuenta, y qué podemos hacer para cambiar eso. Porque hay que ser sinceros: en algún momento, esa gordofobia ha salido a la luz en nosotros. Nos enseñaron a pensar así. Pero así como lo aprendimos, también podemos desaprender. Podemos volver a aprender.
Porque un cuerpo —un cuerpo gordo— merece vivir, no solo intentar sobrevivir.

Que gran columna, un tema muy poco tocado pero con un profundo significa. Me encantó ❤️🩹
Muy real esto, a todos nos enseñaron que los cuerpos delgados y bien formados son la contextura perfecta, pero nadie habla que una gran cantidad de personas no tiene esos cuerpos soñados y aún asi son lindos, pero la sociedad nos ha hecho pensar que si no entramos en el estereotipo de belleza, simplemente no encajas y eres «odiado», demasiado injusto la verdad. Solo ayuden a dejar vivir…
lo leí y solo pienso que está bien. Pero tener sobrepeso es malo para la salud.
Sé que pocos realmente lo ven desde ese punto, aún si se usa de argumento.
Yo por lo particular, no he atacado a nadie por dicho aspecto de su cuerpo, pues no me afecta en nada.
Pero si entiendo que es decepcionante ver como la sociedad se cierra en la agresión, en la falta de empatia.