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El concierto como contenido: ¿dónde quedó la magia del momento?

¿Si nadie viera tus historias, seguirías grabando tanto?

En la actualidad, los conciertos se han transformado en escenarios donde el público no busca vivir la experiencia, sino capturar el momento para compartirlo en redes sociales como TikTok o Instagram. La necesidad de documentar cada instante ha cambiado la forma en que experimentamos la música en vivo. ¿Estamos realmente presentes o simplemente creando contenido para nuestras plataformas digitales con el pretexto de guardar el recuerdo?

Si bien es cierto que, en la época actual, donde reinan las redes sociales, tenemos normalizado publicar en tiempo real dónde estamos, qué hacemos, qué comemos, adónde vamos y con quién estamos, esto ya ni siquiera se hace con el afán de subir o guardar un recuerdo, sino para cumplir con un rol social, como si todos estuviéramos obligados, en automático, a encajar en el mundo digital. En los conciertos, muchos asistentes sienten la necesidad de grabarlo todo, lo que afecta la manera en que vivimos el momento.

Fuente: infobae

La cultura del “contenido” y el FOMO

Este fenómeno está vinculado con el FOMO (miedo a perderse de algo), un término creado por el estratega de marketing Dan Herman (2001), quien explica cómo el FOMO describe la ansiedad que surge al pensar que otros están teniendo experiencias gratificantes sin nosotros. Una problemática aparentemente “inofensiva”. Esta necesidad de estar al tanto de lo que es tendencia lleva a muchos a documentarlo todo.

Esto ocurre especialmente en los grandes eventos y festivales, donde, debido a la asistencia masiva, muchos lo graban todo con la esperanza de que se vuelva viral.

Esto se nota aún más con los artistas del momento. Si hacen un tour polémico o lanzan algo novedoso, los shows se agotan en minutos, no tanto por la música en sí, sino porque la gente siente que debe estar allí, aunque solo sea para grabar ese verso viral que explotó en TikTok. Ni siquiera es que les encante la canción entera; muchas veces solo conocen ese fragmento que se hizo tendencia.

Y ojo, no hay que olvidar que este tipo de eventos no son nada baratos; pueden costar hasta la mitad de un sueldo mínimo. Por eso, es entendible que quien paga quiera grabarlo todo: tiene todo el derecho, aunque eso tenga sus consecuencias.

Consecuencias psicológicas de la hiperconectividad

El FOMO y la constante necesidad de compartir pueden tener efectos negativos en nuestra salud mental. Estudios han demostrado que el FOMO está asociado con niveles elevados de ansiedad y estrés. Según un artículo de La Vanguardia, la psicóloga Eva Molero explica que la necesidad de documentar y preservar memorias siempre ha existido, pero ahora es más accesible que nunca. Sin embargo, si el estado de ánimo y la autoestima dependen de tenerlo grabado o fotografiado, puede ser más difícil disfrutar y valorar las experiencias. Molero también señala que estamos tan sobreestimulados que es fácil olvidarse rápidamente de las sensaciones y emociones vividas en una experiencia concreta.

Fuente: El Independiente

Además, el uso excesivo de celulares y redes sociales, impulsado por el miedo a perdernos de algo, puede llevar a una desconexión de la realidad presente. Al enfocarse en capturar el momento perfecto, se corre el riesgo de vivir experiencias menos auténticas y más orientadas a la apariencia que a la emoción del momento. Compartir constantemente momentos personales también puede generar una dependencia de la aprobación de otros, afectando la autoestima y la satisfacción personal.

La nostalgia de vivir el momento

Basta con ver videos de conciertos de hace unos años para notar el cambio. Antes, el público no sostenía un teléfono en la mano, sino que se entregaba por completo a la experiencia: se gritaba, se saltaba y se lloraba por emoción real. Hoy, muchos asisten a conciertos con el propósito de obtener el mejor clip, incluso sin cantar o bailar para no arruinar la toma perfecta para las redes sociales.

Personalmente, he asistido a muchos conciertos sin tener pruebas en mis redes sociales. No porque no quisiera compartirlo, sino porque preferí vivir el momento. Recuerdo especialmente uno donde, debido a la baja calidad de la cámara de mi antiguo celular, decidí no grabar, y agradezco esa decisión, ya que esos momentos quedaron grabados en mi memoria de una manera más significativa que cualquier video.

Es hermoso el peso del recuerdo, porque siempre es un buen tema de conversación. Incluso, expertos aseguran que contar anécdotas o experiencias que nos hicieron felices libera dopamina y serotonina, las sustancias asociadas al placer y la felicidad, lo que demuestra que recordar momentos inolvidables es bueno para nuestra salud emocional.

Reconectando con la autenticidad

Es importante reflexionar sobre cómo la tecnología y las redes sociales están moldeando nuestras experiencias. Desconectarnos de nuestros celulares es sano y necesario, no solo para vivir un concierto como se merece, sino cualquier evento con intención. Los mejores recuerdos no son los que se suben a TikTok, sino los que se guardan en nuestro corazón.

Dejemos de afanarnos por querer publicarlo todo y empecemos a vivir verdaderamente. Porque la vida no se trata de presumir en las plataformas digitales, sino de sentirla en cada momento.

One thought on “El concierto como contenido: ¿dónde quedó la magia del momento?

  • No sólo sucede en conciertos también sucede en diferentes momentos de la vida. Las personas ya no disfrutan el momento, publican lo primero que ven y bueno también creo que lo hacen por presumir. Excelente artículo!

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