Comunicar en tiempos de TikTok, IA y ruido: el reto del nuevo comunicador
“La atención es la nueva moneda”. Así lo dijo el experto en marketing digital Gary Vaynerchuk, y no se equivocó. Hoy, el verdadero lujo no es tener millones de seguidores, sino lograr que te escuchen 30 segundos sin deslizar el dedo. Bienvenidos a la jungla de la comunicación del siglo XXI: un lugar donde reina el algoritmo, manda el contenido fugaz y sobrevivir es cuestión de estrategia, autenticidad… y un poco de rebeldía.
No basta con hablar bonito: hay que saber gritar en silencio
En un mundo donde cualquiera puede abrir un canal de YouTube, lanzar un podcast o tener un avatar con inteligencia artificial que le escriba discursos, ser comunicador ya no es un título: es un arte. El nuevo estudiante de comunicaciones no puede conformarse con redactar bien o hablar en público. Tiene que saber leer audiencias como quien lee una playlist de Spotify: entendiendo los ritmos, los estados de ánimo, y el momento exacto donde un mensaje hace clic.
Como en las películas de Christopher Nolan, la comunicación moderna es una historia dentro de otra, con narrativas fragmentadas, saltos temporales y finales inesperados. Y como en los mejores beats de Bad Bunny o Rosalía, lo que importa no es solo lo que se dice, sino cómo se siente.
La IA no es el enemigo… pero tampoco es tu amiga
Herramientas como ChatGPT, Sora o Midjourney ya son parte del día a día. La inteligencia artificial puede escribirte un copy, editarte un reel o simular una entrevista. Pero aquí viene el truco: la IA no tiene hambre, ni miedos, ni sueños. No conoce el silencio incómodo después de una verdad, ni la adrenalina de un pitch que cambia el rumbo de un proyecto.
El verdadero comunicador no compite con las máquinas; las usa como trampolín para saltar más alto. No gana el que hace más, sino el que dice lo que otros no se atreven.
Podcast, memes y storytelling: el nuevo lenguaje universal
El comunicador de hoy no solo escribe notas de prensa. También diseña memes con doble sentido, produce episodios de podcast que se sienten como confesiones entre amigos, y crea historias que se viralizan porque tocan fibras, no porque tienen filtros. La narrativa es el nuevo superpoder. Y saber contar una historia bien es más valioso que tener un título colgado en la pared.
¿Un ejemplo? Mira lo que hizo Barbie en su última película: transformó un ícono plástico en una conversación global sobre feminismo, identidad y nostalgia. Eso es comunicación con propósito. Eso es estrategia con corazón.
¿Y lo más importante? Lo que no se ve.
En medio de tanto streaming, inteligencia artificial y videollamadas, hay una verdad que no cambia: comunicar es conectar. Y para conectar, primero hay que escuchar. La empatía es la habilidad más poderosa de un comunicador. Más que el último micrófono, más que la cámara 4K, más que el dominio de TikTok.
La tecnología seguirá cambiando. Lo humano, no.
Entonces, si estás estudiando comunicaciones, pregúntate: ¿quieres ser uno más… o el que cambia la conversación?
“No se trata de tener la razón, se trata de tener impacto”.
