Los Fabulosos Cadillacs: el rugido del León volvió a Lima
Mientras Lima se preparaba para celebrar el Día de la Madre, casi 12 mil fanáticos optaron por dejar atrás la coyuntura hostil y el estrés semanal para congregarse a las afueras del Estadio Monumental. El objetivo era claro: recibir al «León del Ritmo». Los Fabulosos Cadillacs, los duros de duros, cautivaron al público limeño con un espectáculo de más de tres horas, recompensando por la larga espera tras la postergación de noviembre del año pasado.
En el marco de su gira mundial «Tour 2025 – 40° Aniversario», que ha recorrido Europa, Estados Unidos y América Latina, la banda no se olvidó de su legión de seguidores peruanos. Cabe recordar que el evento, originalmente programado para el 13 de noviembre de 2025 en Costa 21 (San Miguel), tuvo que ser cancelado debido a la compleja coyuntura que atravesaba Lima Metropolitana y el Callao. Una medida necesaria para priorizar la seguridad del público, los artistas y el equipo técnico, que finalmente vio su ansiada revancha este sábado de mayo.
El concierto comenzó con la presentación de la banda peruana Olaya Sound System. Ellos lograron encender los ánimos con su electrizante estilo tropical, fusionando cumbia y reggae. Su energía preparó el terreno perfecto, poniendo en sazón hasta al más introvertido antes de la llegada de los pesos pesados de la noche.
Hay noches memorables que deben escribirse con mayúsculas, y la de este sábado fue una de ellas. Manuel Santillán, el León caminó con furia entre los asistentes. La banda arrancó con su clásico intro de trompetazos directos al rostro de los fans, dando paso a la sátira de «Mi novia se cayó en un pozo ciego», seguida de «Demasiada presión» y «Carmela», moldeando el ambiente con su inconfundible mezcla de ska y rock pesado. Como todo viaje magistral, irrumpió el hipnótico «Genio del dub», con un Vicentico imponente que cambió el bastón elegante por el megáfono. Luego, «C.J.» ofreció su habitual respiro para los poetas románticos.
Llegó el turno de «Calaveras y diablitos», con Vicentico jugando con el público mediante gestos que graficaban la fragilidad de la vida, la muerte y la aceptación de nuestros destinos. Le siguió «Los condenaditos», una obra melancólica que roza casi la pieza musical de duelo. No podía faltar el cumbión de «Padre nuestro». El inconfundible coro que volvió a ser un fenómeno viral allá por el 2010 («Quiero ver amanecer, pero del otro lado ver amanecer…») resonó con fuerza en las gargantas de los asistentes.
Para dejar en claro la crítica histórica, «V Centenario» sacudió el recinto, recordándonos que en la conquista no hay nada que festejar. Tras un impecable «Saco azul», el ambiente se tornó sublime y delicado con «Siguiendo la luna», que no tardó en poner a cantar al unísono a todo el estadio. Destacó un tremendo solo de guitarra, mientras el maestro Sergio Rotman dejaba el saxo para improvisar en la guitarra rítmica.
Siguieron «Destino de paria» para los corazones no correspondidos y el infaltable «Carnaval toda la vida«, clásico indiscutible de los noventas que desató la fiesta. El pogo estalló con «Mal bicho» y su imploración por la paz mundial. Tras un breve respiro, los genios regresaron con «El satánico Dr. Cadillac», marcando el inicio del encore. Un descansito, porque se venía lo bravo.
¡Así es! Llegó «Matador». Porque los Cadillacs sin «Matador» no son los Cadillacs. La historia del revolucionario perseguido por la policía al oponerse al régimen de gobierno, resonó mientras la multitud coreaba pidiendo a Santa María de los Buenos Aires que todo estuviera mejor. Daniel Lozano y el gran Sergio Rotman iniciaron «Vasos vacíos», levantando los brazos de la multitud. Vicentico, con su característica pose de una mano en el bolsillo, y Flavio, arañando el bajo, dictaron cátedra de puro rock, ska y melancolía. La destreza de Florián Fernández Capello, hijo de Vicentico, en la guitarra demostró claramente que, de tal palo, tal artista.
Para el tramo final, los papeles se invirtieron. ¡Exacto! El Sr. Flavio, ahora con una máscara de lucha libre, tomó el micrófono para arrancar con el himno de antaño «Yo no me sentaría en tu mesa», hipnotizando a la multitud que lo acompañó a modo de despedida, mientras Vicentico se encargaba del bajo. Fue imposible no notar la presencia de Gerardo «Toto» Rotblat. El percusionista, que partió a la eternidad en 2008, sigue presente en los escenarios desde una gigantografía colocada respetuosamente entre los instrumentos.
Los conciertos de los Cadillacs siempre son memorables. Desde el 2009 no me he perdido ninguna de sus presentaciones en el país. Gracias a esa persistencia, pude conocer a varios de sus integrantes. Esta noche se dejó todo en la cancha: se vivió, se bailó y se gozó. No podían abandonar a su gente, a ese público fiel que los sigue desde hace muchísimos años. Este ha sido un concierto más para la historia, para revivir y confirmar, como siempre digo, que nunca olvidaremos lo fabulosos que son los Cadillacs.
Escrito por: Giancarlos Ormeño
