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La papa nunca pidió protagonismo

La mañana comienza en los mercados. Entre los puestos de frutas y verduras, montañas de papas de todos los tamaños y colores llaman la atención de quienes recorren los pasillos. Algunas son amarillas, otras moradas, rojizas o casi negras. Mientras los comerciantes acomodan su mercancía, pocos imaginan que este alimento, tan presente en la mesa de los peruanos, está siendo celebrado en distintas partes del mundo.

Es 30 de mayo, Día Internacional de la Papa.

La protagonista de esta historia no desfila por alfombras rojas ni ocupa titulares todos los días. Vive bajo tierra, silenciosa, esperando el momento de ser cosechada. Sin embargo, su importancia es enorme. Hace miles de años, en las alturas de los Andes, los antiguos pobladores descubrieron que aquel tubérculo podía resistir el frío, alimentar familias enteras y convertirse en un aliado frente a las duras condiciones de la montaña.

Con el paso del tiempo, la papa emprendió un viaje inesperado. Salió de los Andes, cruzó océanos y llegó a otros continentes. Lo que comenzó como un cultivo ancestral terminó convirtiéndose en uno de los alimentos más consumidos del planeta. Hoy se cultiva en más de 150 países y forma parte de la dieta diaria de más de mil millones de personas.

Pero si hay un lugar donde la papa cuenta su historia con más fuerza, es Perú. Aquí existen alrededor de 3 mil variedades nativas, una diversidad que sorprende incluso a los especialistas. Algunas tienen formas curiosas; otras, colores tan intensos que parecen pintadas a mano. Cada una guarda conocimientos transmitidos por generaciones de agricultores que continúan cultivándolas en los campos andinos.

Al mediodía, mientras en muchas casas se sirve un plato de papa a la huancaína, causa rellena o papa sancochada, resulta difícil pensar que este alimento también es una herramienta para combatir el hambre. Gracias a su valor nutricional, su capacidad de adaptarse a distintos climas y el poco consumo de agua que requiere en comparación con otros cultivos, la papa es considerada clave para la seguridad alimentaria mundial.

Cuando cae la tarde y los mercados empiezan a vaciarse, la celebración continúa. No con grandes espectáculos, sino en cada mesa donde este alimento está presente. Porque detrás de cada papa hay siglos de historia, trabajo agrícola, diversidad cultural y resistencia.

Y así, como ocurre desde hace miles de años, la reina silenciosa de los Andes vuelve a cumplir su misión: alimentar al mundo sin dejar de recordar el lugar donde nació.

Escrito por: Leila Saquiray.

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