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Ahí acabo todo…

El día estaba nubloso, el sol se había escondido entre las nubes, tal vez demostrando que guarda respeto a nuestro dolor. Estaba ansiosa al buscarte entre la gente, en el lugar que alguna vez fue nuestro, un punto de risas y momentos.
No te encontré.

Imaginé como corría hacia ti, con pasos firmes para abrazarte, cortando la distancia entre nosotros, recibiendo un cálido abrazo lleno de paz.
Pero hoy, la inseguridad invade mi cuerpo y por más que camino, la distancia sigue intacta, dejando un vacío que no sé como llenar.
Antes, mi alegría se notaba al preguntarte ¿Cómo estás? Hoy se convierte en eco resonando en el tiempo.

Al verte a mi lado, fue inevitable recordar el roce de nuestros labios, donde en cada beso estaba lleno de amor y necesidad del otro, un roce intimo e infinito. Ahora, no me regalas ni siquiera una palabra. No había esa mirada que me recordaba una noche llena de estrellas brillando, aquella luz que iluminar mi día.

Somos dos desconocidos, dos extraños que alguna vez fueron el todo del otro.

Las palabras no alcazaba para lo que mis ojos estaban gritando. ¿Ahí acabo todo? ¿Nuestro amor se reduce a esto, una fría y dura despedida?

Nuestras manos, no se enlazaron para tener una caminata. Nuestros dedos, que antes se buscaban a ciegas, se ignoraron con certeza. Es inevitable observar, cómo el “amor de mi vida” se está yendo sin ningún titubeo y no puedo correr hacia él.
Como si nuestra historia no tuviera fuerza, como si fuera insignificante para detener su partida. 

Se volvió una sombra entre la multitud. Se fue. Sin más. Sin un adiós… 

Aunque, ¿Qué esperaba? ¿Qué esperaba de El?

Esas palabras invadieron mi mente, resonando muy fuerte. Aunque mantenga la cabeza en alto, mi corazón se rompe como cristal, el estómago me duele, el cuerpo me pesa como si cargara con todas las promesas que no se cumplirán.
Las emociones desbordan sin piedad, recordando el amor que tengo, aquel que alguna vez me prometió proteger, convirtiéndose en un sueño roto.
Y aunque me niego aceptarlo, sé que mis lagrimas ardiendo en mis ojos, el dolor que desgarra cada parte de mi ser, me grita… Este es nuestro final, uno que deja vacíos difíciles de llenar,
ecos de palabras que resuenan en el tiempo, en el adiós que nunca pronunciamos y en el dolor que seguirá ardiendo, aun cuando ya no queda nada de nosotros

Entonces, lo entendí. Ahí acabó todo 

Escrito por: Minelly Reyes 

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