Israel e Irán al borde del abismo: una escalada que sacude Medio Oriente
El 14 de abril de 2024, una densa noche en Israel fue atravesada por sirenas de alerta: cientos de drones y misiles lanzados por Irán surcaban el cielo con precisión alarmante. Se trataba del primer ataque directo de Teherán contra territorio israelí, rompiendo con décadas de guerra por delegación. En respuesta, el gobierno de Benjamín Netanyahu ordenó un contraataque quirúrgico sobre posiciones estratégicas en suelo iraní, marcando así el inicio de una escalada que, en los últimos días, ha alcanzado niveles sin precedentes.
Raíces del conflicto
La historia entre estas dos naciones se remonta décadas atrás. En 1979 se llevó a cabo la Revolución Islámica de Irán, que culminó con el derrocamiento de la dinastía Pahlavi y la deposición del sah Mohammad Reza Pahleví. El movimiento, liderado por el ayatolá Jomeini —hasta entonces en el exilio—, instauró la república islámica que sigue vigente, gracias al apoyo de organizaciones izquierdistas e islamistas.
Desde entonces, el régimen de los ayatolás ha mantenido un discurso radicalmente antisionista: rechaza la existencia y la legitimidad del Estado de Israel como patria del pueblo judío y lo considera una entidad opresora; por ello apoya causas que buscan reemplazar o eliminar al Estado israelí.
Israel, a su vez, consideró a Irán una amenaza directa. Durante los años ochenta y noventa, el enfrentamiento se manifestó en guerras indirectas a través de aliados como Hezbolá, hasta transformarse en una confrontación abierta y peligrosa para los ciudadanos de ambas naciones.
El punto de quiebre llegó con el avance del programa nuclear iraní. Convencido de que Teherán buscaba desarrollar una bomba atómica, Israel ejecutó acciones encubiertas, sabotajes y asesinatos selectivos de científicos nucleares iraníes.
Tras la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear en 2018, las tensiones revivieron y la vía diplomática pareció cada vez menos viable.
Del blanco al contraataque
Entre los días 13 y 17 de junio de 2025, el conflicto tomó más fuerza: Israel lanzó la operación Rising Lion, una serie de ataques aéreos contra más de una docena de objetivos militares y nucleares en territorio iraní —Natanz, bases de misiles y centros de comando del IRGC—.
Uno de los blancos fue el jefe del Estado Mayor iraní, Ali Shadmani, quien murió tras el impacto de un misil en un edificio de Teherán. Irán respondió lanzando unos 65 misiles balísticos sobre Tel Aviv, Haifa y otros puntos estratégicos, dejando ocho muertos y doscientas personas heridas.
Las calles se llenaron de miedo, sangre, confusión y escombros. Israel contraatacó, causando la muerte de 224 ciudadanos —en su mayoría civiles—, lo que generó protestas, evacuaciones y llamados a vengarse desde las altas esferas del poder iraní.
En Teherán se vive una guerra sin piedad: ciudadanos huyen, estaciones de combustible colapsan y hospitales carecen de capacidad. Israel activó su sistema de defensa Cúpula de Hierro y declaró el estado de emergencia nacional.
Whasington se involucra
Mientras el mundo observaba, Estados Unidos, bajo el presidente Donald Trump, desplegó refuerzos en el golfo Pérsico. Trump, tras abandonar la cumbre del G7, exigió la “rendición incondicional” de Irán y advirtió que la paciencia de Washington tiene un límite.
China, Francia, Alemania y otros países evacuaron a sus ciudadanos de Israel e Irán. La ONU convocó sesiones de emergencia sin acuerdos concretos; el G7 pidió un alto el fuego, ignorado por ambas partes.
Las consecuencias económicas fueron inmediatas: el petróleo superó los 120 USD por barril y se interrumpieron rutas clave en el estrecho de Ormuz, provocando caídas bursátiles globales.
El precio civil del conflicto
Mientras misiles surcan el cielo, el costo humano se dispara. Miles de familias israelíes viven en búnkeres, mientras los iraníes buscan refugio en zonas alejadas, sin certeza de volver a ver sus hogares en pie. Imágenes desgarradoras muestran la capacidad destructiva del ser humano.
La ayuda humanitaria no llega a tiempo. Irán denuncia que las sanciones dificultan la compra de medicamentos, mientras en Israel el sistema de salud está sobrepasado. Cruz Roja y Médicos Sin Fronteras piden corredores humanitarios, aún sin garantías de seguridad.
Región en alerta
Los países del golfo refuerzan sus defensas; Egipto ofrece mediar. Aliados de Irán, como Hezbolá y los hutíes, intensifican acciones que podrían abrir múltiples frentes.
En Siria e Irak, milicias atacan intereses de EE. UU. e Israel, elevando el riesgo de una guerra regional.
Europa teme una nueva ola migratoria y sabotajes a su suministro energético. Lo que era una serie de provocaciones se ha convertido en un choque directo entre potencias que, durante décadas, fueron enemigos en la sombra.
Las posibilidades de tregua son mínimas, pero existentes. El conflicto amenaza con redibujar el mapa político y militar de Oriente Medio, mientras las cifras de heridos y muertos suben sin freno y la enemistad entre Israel e Irán está lejos de apagarse.
