Un disfraz, un vals y mucho orgullo
En un mundo donde vivimos de tendencias, hoy, 31 de octubre, reaparece la eterna interrogante: ¿Halloween o la Canción Criolla? Es increíble que aún pensemos que debemos elegir entre una de ellas. Desde pequeños nos enseñaron que primero va “lo nuestro”, que hay que sentir orgullo por la patria; sin embargo, ¿en qué momento ponerse un disfraz se volvió un acto antipatriótico?
Existen dos mundos que intentan dividirse, pero conviven en una sola noche. Muchos de nosotros crecimos escuchando música criolla, esa que te hace mover las caderas al ritmo del festejo o bailar lento con un vals; pero, al mismo tiempo, crecimos viendo sinfines de películas de terror por estas fechas. Y aunque algunos digan que disfrazarse es olvidar nuestras raíces, la verdad es que el peruano no olvida: solo adapta.
Pero ¿cómo inició todo?
La Canción Criolla nació como una expresión mestiza que fusionó raíces españolas, indígenas y africanas. En 1944 fue reconocida oficialmente por el presidente Manuel Prado Ugarteche como símbolo del arte popular y de la identidad nacional. Inicialmente se celebraba el 18 de octubre, pero la fecha se trasladó al 31 tras la muerte de Lucha Reyes, en 1973, convirtiéndose en un homenaje a su legado y en una fecha icónica para el país.
Mientras tanto, Halloween llegó al Perú hacia mediados del siglo XX, impulsado por la influencia cultural estadounidense y difundido por los medios, las películas y los centros comerciales como una oportunidad de entretenimiento juvenil. Así, esta “costumbre” extranjera fue adaptándose al contexto peruano, ganando un fuerte espacio entre las nuevas generaciones.
Cada 31 de octubre no representa una batalla entre lo nuestro y lo ajeno, sino una muestra de lo que somos: una mezcla viva, ruidosa y creativa. No se trata de elegir entre vals o disfraces, entre guitarra o dulces, sino de entender que el peruano tiene un talento natural para fusionar mundos. ¿Por qué no bailar un festejo disfrazados o pedir dulces vestidos de marinera? Desde siempre tomamos lo que llega de fuera, lo sazonamos con nuestra historia y lo convertimos en algo nuevo.
Halloween no borró la Canción Criolla: ambas celebraciones conviven, se cruzan y terminan bailando juntas en la misma pista. El Perú está justo ahí, en medio de ambas escenas, sin renunciar a su identidad, sino reinventándola. Somos un país capaz de ponerle ritmo de cajón a una noche de brujas y de servir turrón junto con caramelos. Porque, si algo nos define, es esa mezcla que no divide, sino que multiplica. La cultura no se defiende encerrándola, sino dejándola respirar, mezclarse y seguir creciendo.
Escrito por: Minelly Yomayra Reyes Villarreal
