El cónclave: tradición, poder y fe
Paul Ductram
Mientras el mundo observa en silencio, el Vaticano se sella para dar inicio a uno de los rituales más herméticos del catolicismo.
Tras la partida del papa Francisco en marzo de 2025, el Vaticano convoca a los cardenales del mundo para iniciar el proceso para eligir al nuevo Sumo Pontífice. En medio de un clima de expectativa global, esta ceremonia combina siglos de tradición con decisiones que marcarán el rumbo de la Iglesia Católica. El cónclave no es solo una elección papal, es un proceso que está envuelto en misterio, tensión y siglos de historia. Solo los cardenales menores de 80 años tienen derecho a votar y deben de aislarse en la Capilla Sixtina, mientras se decide quién será el nuevo líder de la iglesia católica. El cónclave reunirá a 135 cardenales electores, de los cuales casi el 80% fueron designados durante el pontificado de Francisco. El Vaticano excluyó al cardenal Angelo Becciu tras su condena por corrupción, y dos cardenales —uno español y otro bosnio— anunciaron su retiro por problemas de salud. Este proceso, que puede extenderse durante varios días, no solo es una elección religiosa, sino un acontecimiento mundial. Los cardenales necesitan una mayoría de dos tercios para confirmar al nuevo papa. Cuando el humo negro sale por la chimenea, el mundo sabe que aún no hay decisión. El humo blanco confirma el anuncio tan esperado: ¡Habemus papam! Entre los posibles sucesores, destacan los italianos Pietro Parolin y Matteo Zuppi, cercanos al legado de Francisco. También figuran el ghanés Peter Turkson, con perfil social y ambiental, y el filipino Luis Antonio Tagle, apreciado por su conexión con las periferias del mundo católico. Este ritual ha despertado curiosidad incluso en el mundo cinematográfico. Cónclave (2024), una película que dramatiza este proceso, captura la intriga, el poder y las tensiones entre los cardenales mientras toman decisiones que afectarán el futuro de la Iglesia Católica. El último cónclave se celebró en 2013, tras la histórica renuncia del Papa Benedicto XVI, y concluyó con la elección del papa Francisco. Este evento marcó un punto de quiebre en la Iglesia moderna y confirmó que el cónclave decide mucho más que un nuevo líder espiritual.
