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“Mañana lo hago”: el peor enemigo de los universitarios

Este comportamiento afecta a miles de estudiantes que, a causa de la presión académica y la falta de organización, terminan atrapados en la frustración, culpa y ansiedad.

¿Por qué postergamos lo importante y cómo podemos detener este mal hábito? La procrastinación se ha convertido en uno de los enemigos más comunes en la vida universitaria. La sobrecarga de trabajos y las distracciones digitales hacen que muchos estudiantes posterguen tareas y actividades importantes.

Este hábito no solo afecta el rendimiento académico, sino también el estado emocional, generando frustración, estrés e incluso autocrítica severa. Es muy común que, al no cumplir con lo planeado, surja un sentimiento de incapacidad o fracaso, cuando en realidad se trata de una respuesta más compleja.

Según un estudio publicado en la revista Ansiedad y Estrés (Elsevier), la procrastinación académica está significativamente relacionada con la ansiedad y puede aumentar el riesgo de conductas suicidas en estudiantes universitarios. Los autores del estudio concluyen que una regulación emocional deficiente es un factor clave que vincula la procrastinación con estos problemas de salud mental.

En el fondo, evitar una tarea es una forma inconsciente de protegernos de sentirnos incompetentes o abrumados. Al no saber gestionar estas emociones, caemos en un círculo vicioso: evitamos, nos sentimos mal por evitar y volvemos a evitar. Es un mecanismo de defensa que, sin darnos cuenta, daña nuestra autoestima.

Fuente: Diario Libre

Por más inalcanzable que parezca, romper con este patrón sí es posible. Existen técnicas simples, como dividir tareas grandes en partes más pequeñas y manejables, usar una agenda diaria o aplicar el método Pomodoro —que consiste en 25 minutos de enfoque y 5 de descanso—, que pueden ayudarnos considerablemente a superarnos tanto en lo personal como en lo académico.

Más allá de las herramientas, se trata de aprender a reconocer nuestras emociones y tener control sobre ellas. En la vida universitaria, saber gestionar el tiempo no solo organiza tu día, sino que también es una forma de cuidar tu salud mental.

Escrito por: Emelynn A. Gomez Añorga

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