Poetas en Accion

Cicatrices de tu herencia

 

La vida no se detiene por nadie, continúa sin ti, eso lo se, pero quería pensar que no, porque quería
que fuéramos esa excepción…

Quedamos atrás, convertidas en un solo eco, en fotografías que no se atrevían a hablar.

Los recuerdos no se borraban: se quedaban latiendo como cicatrices que dejaron de sangrar de
repente pero que siguió ardiendo. Lo que tienes ahora solo existe como una burbuja frágil,
temblando cuando la amenaza de perderlo se asoma.

Todo duele, te replanteas, hasta el aire que respiras.

Eso es lo pienso cuando pienso en ella, en mi madre.

Aun en medio de la nostalgia, de todo lo roto, ella estuvo ahí, presente como la marca que cargas de
frente. Es mi raíz y mi herida.

No quiero imaginar el instante en que no esté a mi lado, porque se que
el ahora se rompería como vidrio al chocar contra una esquina, y yo me quedaria suspendida entre
sus trozos, sin saber donde posar mis pies.

Sería como arrancarle el pulso al mundo.

El haber pasado por todo lo que pasamos, todavía cruje dentro de mí, se volvió una condena
asfixiante.

Las disputas llegaron alejarnos, los silencios se tragaron los días, dejando huecos donde antes salía
luz. Y verla ahora, después de tanto tiempo, es una punzada sorda: no es enojo, es un dolor que no
se nombra. Me perdí de tanto y, a la vez, de nada, por indiferencias que hoy podrían resolverse con
un «lo siento».

¿Por qué?

¿Por qué permitimos aquella distancia?

Elegimos no sentir, porque se nos volvió más fácil todo que sostener el dolor con nuestras manos
desnudas.

Dedicatoria
«A mi raíz y mi herida, a quien pertenece esa luz de mis silencios, donde el peso de lo no dicho se
volvió eco en su partida»

 

Escrito por: Ciara Saavedra

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